Si hay un plato que logra reunir a todos en la mesa en Mallorca, ese es el frito mallorquín. Es tradición en una olla, una mezcla de ingredientes sencillos que conquista el paladar sin rodeos: el aroma del pimentón, el hinojo y el ajo llenando la cocina, despertando las ganas de servir un plato generoso. Aunque la receta clásica suele llevar asadura de cordero o cerdo, este plato sabe adaptarse según el gusto y lo que hay a mano.

Te vamos a contar cómo preparar la receta de frito mallorquín tradicional, esa que se transmite de generación en generación y tiene un lugar fijo en cualquier casa de la isla. Además, vamos a explorar otras versiones igual de interesantes, como el frito de pescado recién traído del puerto o la opción vegetariana, pensada para quienes prefieren algo diferente pero sin perder sabor. Hacer un buen frito tiene su técnica y, en este recorrido, descubrirás qué ingredientes elegir y los pasos para lograr que sea el plato principal de cualquier comida. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Historia y leyenda del frito

Para encontrar las raíces del frito mallorquín, tenemos que viajar en el tiempo, mucho más atrás de lo que la mayoría imagina. Estamos ante un plato con un profundo arraigo histórico. Los primeros indicios de su existencia nos llevan hasta el siglo XIV, lo que lo sitúa como una de las elaboraciones con más solera del recetario español. Su origen está ligado a la cultura sefardí, presente en la isla durante siglos, y a su tradición culinaria de combinar casquería con hortalizas.

Nació en un contexto de pura necesidad y sentido común, una filosofía de aprovechamiento que definía la vida en el campo mallorquín. Tras la matanza, cada parte del animal tenía un propósito, y las vísceras, lejos de desecharse, se convertían en la base de un plato lleno de sabor y energía. Esta costumbre, que transformaba la escasez en abundancia, se consolidó como un pilar de la cocina local. 

Con el tiempo, pasó de ser una comida de subsistencia a convertirse en un emblema de celebración en ferias y fiestas populares. Hoy, este plato es un testimonio de la inteligencia y la resiliencia de una cultura que supo crear riqueza con los recursos que la tierra le ofrecía.

La anatomía del frito: ingredientes fundamentales de la isla

Aunque la proteína a menudo se lleva el protagonismo, la verdadera alma del frito reside en su base vegetal y en la grasa que une todos los sabores. Aquí es donde la huerta balear muestra todo su potencial. La patata es el pilar de la estructura; se busca una variedad que mantenga su forma durante la fritura, como la patata de sa Pobla, que absorbe el sabor sin deshacerse. El corte, en pequeños dados uniformes, no es un capricho estético, sino una técnica para asegurar una cocción pareja y una textura perfecta.

Junto a ella, la cebolleta fresca y los pimientos rojos aportan el contrapunto de dulzor y frescura. La cebolleta, más suave que la cebolla seca, se integra con delicadeza, mientras que los pimientos, cortados en trozos finos, añaden color y una nota ligeramente dulce que equilibra la intensidad del conjunto. No podemos olvidarnos del hinojo silvestre, ese toque anisado que perfuma el plato y le da su carácter.

El auténtico frito mallorquín tradicional

Llegamos al corazón de la tradición: el frito con asadura de cordero. Prepararlo es un ejercicio de precisión y paciencia, un ritual donde el orden de los factores sí altera el producto. La clave del éxito de esta receta de frito mallorquín no está solo en los ingredientes, sino en el meticuloso proceso de fritura por tandas, que asegura que cada componente alcance su punto exacto de cocción y textura.

Todo comienza con la asadura de cordero, que incluye el hígado, los pulmones y el corazón. La preparación es fundamental: la sangre se limpia y se reserva, a menudo cocida y desmenuzada, para añadirla al final. Los órganos se cortan en dados pequeños y uniformes, una tarea que requiere destreza para garantizar que todo se cocine de manera homogénea.

El baile en la sartén sigue un orden estricto:

  1. El hígado es el primero en entrar en el aceite caliente. Se fríe brevemente para sellarlo y mantener su interior jugoso. Una vez listo, se retira y se reserva.
  2. La asadura, el resto de las vísceras (pulmones y corazón), son los siguientes en freírse en el aceite, necesitando un poco más de tiempo para quedar tiernas.
  3. Los vegetales: con la sartén impregnada del sabor de la carne, llega el turno de los pimientos y la cebolleta, que se cocinan hasta que están blandos pero sin perder su estructura.
  4. La patata es la última en freírse. Se cocina hasta que está dorada por fuera y tierna por dentro.
  5. La unión final: Todos los ingredientes vuelven a la sartén. Se añade el hinojo picado, el pimentón (con cuidado de que no se queme), la guindilla y el ajo. Se mezcla todo con movimientos envolventes, permitiendo que los sabores se integren por completo. Se rectifica de sal y, si se usa, se añade la sangre cocida.

Este método no es un capricho. Freír cada ingrediente por separado y unirlos al final es el secreto para conseguir un frito donde cada elemento brilla con luz propia, pero juntos crean una sinfonía de texturas y sabores. 

Variantes con cerdo, pollo y ternera

Aunque la asadura es el corazón de la receta clásica, el frito mallorquín ha demostrado ser un plato versátil que se adapta a todos los gustos. Las versiones con carnes magras son cada vez más populares, ofreciendo una alternativa más suave pero igualmente sabrosa. 

Ahora te proponemos tres recetas breves para descubrirlo en casa con diferentes tipos de carne. Estas adaptaciones, que sustituyen la casquería por cortes de cerdo, pollo o ternera, modifican ligeramente el perfil del plato, pero mantienen su espíritu. La clave para que estas variantes funcionen es ajustar los tiempos de cocción a cada tipo de proteína.

  • Frito de cerdo. Corta el lomo de cerdo en dados pequeños y fríelos a fuego vivo con un toque de sal hasta que estén dorados por fuera y jugosos por dentro (unos 4-5 minutos). Reserva y sigue con la base de vegetales, luego mezcla todo junto para que se integren los sabores.
  • Frito de pollo. Usa pechuga o contramuslo deshuesado, también cortado en dados. Fríe a fuego medio-alto durante 2-3 minutos, solo hasta que quede dorado y tierno, y continúa con los pasos de la receta de frito mallorquín tradicional.
  • Frito de ternera. Selecciona un corte tierno como solomillo o babilla, cocinado en dados pequeños. Saltéalos en la sartén durante 3-4 minutos hasta que estén dorados pero jugosos, retira y sigue la receta base.

El lomo de cerdo es una de las opciones más extendidas. Su sabor neutro permite que el resto de los ingredientes, como el hinojo y el pimentón, brillen con más intensidad. Si optamos por el pollo, la pechuga o el contramuslo deshuesado son excelentes elecciones. El resultado es un frito más ligero y delicado, ideal para quienes buscan una versión menos contundente. La ternera, por su parte, aporta una mayor profundidad de sabor. Al igual que con el cerdo, una fritura breve es fundamental. 

Estas variaciones demuestran que, aunque la receta tradicional es insustituible, el concepto del frito es un lienzo culinario que invita a la experimentación, adaptándose a las preferencias y despensas modernas sin perder su identidad.

Frito de Cuaresma: la versión de pescado

El recetario mallorquín siempre ha sabido adaptarse a los ciclos del calendario, y el frito mallorquín no es una excepción. Durante la Cuaresma, cuando la tradición marcaba la abstinencia de carne, la receta se reinventaba con los tesoros del mar. Así nació el frito de pescado, una variante más ligera pero con un intenso sabor marino. Los ingredientes estrella suelen ser la sepia, el calamar o el rape, elegidos por su textura firme, que soporta bien la fritura sin deshacerse.

La clave de esta versión está en el control del fuego y en la rapidez. El pescado y el marisco requieren una cocción mucho más breve que la carne para no quedar gomosos.

Receta breve del frito marinero:

  1. Corta la sepia o el calamar en trozos pequeños y uniformes.
  2. En aceite de oliva bien caliente, saltea el pescado durante solo un par de minutos hasta que cambie de color. Retíralo y resérvalo.
  3. En el mismo aceite, procede a freír las patatas, los pimientos y la cebolleta, siguiendo el método tradicional.
  4. Una vez las verduras estén en su punto, reincorpora el pescado a la sartén. Añade ajo picado, pimentón y el toque de hinojo.
  5. Saltea todo junto durante un minuto para que los sabores se integren y sirve inmediatamente.

Frito vegetariano y vegano: el legado de la huerta balear

Una versión vegetariana no es una adaptación forzada, sino una vuelta a la tierra, un homenaje a los vegetales de temporada que pueden protagonizar el plato con la misma intensidad que cualquier proteína. La clave es elegir ingredientes con carácter y texturas interesantes que ocupen el lugar de la carne. Las setas de cardo, con su carnosidad, o las alcachofas, con su sabor profundo y ligeramente amargo, son candidatas perfectas para este papel.

En la versión vegana, la técnica se ajusta para potenciar al máximo el sabor de cada vegetal. Al no contar con la grasa animal que impregna el aceite, se busca una fritura que caramelice ligeramente los ingredientes, concentrando sus azúcares naturales. El orden de fritura sigue siendo importante, pero aquí el objetivo es construir capas de sabor vegetal.

Receta breve del frito de la huerta:

  1. Si usas alcachofas, pélalas, córtalas en cuartos finos y fríelas en aceite de oliva hasta que estén doradas y tiernas. Si prefieres setas, saltéalas a fuego fuerte hasta que suelten su agua y empiecen a dorarse. Retira y reserva.
  2. En el mismo aceite, sigue el proceso habitual: fríe las patatas hasta que estén doradas, luego los pimientos y la cebolleta hasta que estén tiernos.
  3. Reincorpora las alcachofas o las setas a la sartén.
  4. Añade una buena cantidad de ajo picado, pimentón dulce, un toque de guindilla y el inseparable hinojo fresco.
  5. Saltea el conjunto un par de minutos para que todos los sabores se unan. Un chorrito de vino blanco en este último paso puede añadir una capa extra de complejidad.

De Oriente al Mediterráneo: fusión y evolución del frito

Un plato con tanta historia no tiene por qué quedarse anclado en el pasado. La estructura del frito es perfecta para explorar fusiones atrevidas y sabrosas. Aquí te proponemos tres recetas breves que reinventan el clásico:

  1. Frito asiático: saltea tiras de verduras y proteína vegetal con jengibre fresco, brotes de soja y salsa de soja; añade un toque de cinco especias chinas. Termina con aceite de sésamo y cilantro.
  2. Frito tex-mex: usa maíz, pimientos de varios colores y pechuga de pollo. Añade comino, pimentón ahumado y un picadillo de jalapeños. Sirve en tortillas de trigo con lima y guacamole casero.
  3. Frito mediterráneo con notas árabes: incorpora berenjenas, garbanzos y cebolla roja, añade ras el hanout y termina con unas hojas de menta fresca y un yogurt especiado.

Estas recetas no buscan sustituir el frito clásico, sino celebrar su capacidad de reinventarse y sorprender en cualquier mesa del mundo.

 
 

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